El dinero es uno de los grandes temas pendientes en nuestra vida interior.
Se habla mucho de él, se desea, se teme, se persigue… pero pocas veces se mira de verdad.
Y cuando no se mira, cuando no se entiende, cuando no se integra, se convierte en conflicto.
Hay algo que para mí es clave y quiero decirlo claro desde el principio:
la sexualidad y el dinero comparten la misma vibración energética.
Ambos tienen que ver con el merecimiento, con el placer, con la expansión, con la capacidad de recibir.
Y también con la culpa, la vergüenza, el miedo y los bloqueos heredados.
Abundancia no es dinero (aunque el dinero forme parte)
Aquí hay una confusión muy habitual. Una cosa es el dinero. Otra cosa es manifestar.
Y otra muy distinta es la abundancia.
La abundancia no se consigue, la abundancia se es.
Todo lo que te rodea es abundancia: la naturaleza, el aire, los vínculos, las oportunidades, el cuerpo, la vida misma.
El problema no es la falta de abundancia, sino la desconexión con ella.
Manifestar no es pedir dinero sin más.
Manifestar es cómo eliges crear tu vida.
Si quieres vivir en una casa grande, no manifiestes dinero para comprar una casa grande.
Manifiesta la casa grande.
Porque cuando te obsesionas solo con el dinero, te desconectas del para qué.
El dinero es un medio. No un fin.
Espiritualidad y dinero: desmontando un gran mito
La espiritualidad y el dinero no están enfrentados.
Eso es un relato antiguo, aprendido y muy dañino.
Somos seres espirituales viviendo una experiencia humana en un cuerpo físico, en una sociedad material.
Negar el dinero en nombre de la espiritualidad no te hace más consciente, te hace más desconectada.
El dinero no te hace más espiritual ni menos espiritual.
Lo que importa es la relación que tienes con él.
Y aquí viene una pregunta importante:
Quieres el dinero?
Amas el dinero?
Lo respetas?
O lo miras con miedo, rechazo o culpa?
El dinero es energía.
Y como toda energía, responde a cómo la miras.
¿Para qué usas el dinero?
Vivimos en una sociedad donde muchas personas trabajan solo para consumir:
una televisión más grande, un coche mejor, un móvil nuevo.
Y hay otras personas que usan el dinero para vivir, para disfrutar, para crear experiencias, para sentirse libres.
Ninguna de las dos es “mejor” o “peor”.
La pregunta es: ¿en qué momento estás tú?
También es importante decir algo muy real:
en esta vida material necesitamos tener nuestro “tres de cubierto” —lo básico cubierto— para poder estar tranquilas.
La tranquilidad económica no es lujo, es regulación del sistema nervioso.
He visto mujeres que no se separan de una pareja porque económicamente no pueden.
Y eso también es un tema de dinero, de dependencia y de miedo.
Cuando el dinero está ordenado, da calma.
Cuando está en conflicto, genera angustia.
Haz las paces con el dinero
No se trata de idolatrarlo, pero tampoco de rechazarlo.
Se trata de hacer las paces.
Mirar qué compras. Desde dónde compras.
Porque muchas veces no compramos cosas, compramos intentos de llenar vacíos emocionales.
El dinero, cuando no está consciente, rompe parejas. Rompe familias.
Crea luchas de poder. Saca a la luz heridas antiguas.
Por eso es tan importante traerlo a la conciencia, hablarlo, ordenarlo y respetarlo.
No pongas tu vida en pausa esperando más dinero
Esto para mí es esencial.
No dejes de hacer cosas esperando a tener más dinero.
No pospongas tu vida para un “cuando pueda”.
El momento ideal no existe.
El momento es ahora.
Te lo digo desde la experiencia más real: mi hermano se fue con 53 años, de un día para otro, de un ataque al corazón. El disfruto de lo que tenia.
Hay algunas personas que dicen, si te mueres de viejo con mucho dinero, no hiciste bien las cuentas. Para que lo guardas?
Y hay muchas personas que esperan a viajar, a vivir, a disfrutar, a ser… “cuando se jubilen”.
Y luego la vida no espera.
El dinero está para acompañar la vida, no para retrasarla.
Qué relación tienes hoy con el dinero?
Le tienes miedo a no tenerlo?
Te obsesiona?
Lo evitas?
Te da culpa disfrutarlo?
Y luego estan las personas que estan invirtiendo para el día de manaña y no estan disfrutando de su hoy.
A veces el dinero llega cuando menos lo esperas, no porque lo hayas perseguido, sino porque estabas alineada con lo que querías vivir.
Por eso es importante quererlo, mirarlo, priorizarlo…
y, sobre todo, usar el dinero para vivir, no para sobrevivir.
Antes y ahora: una reflexión necesaria
Nuestros antepasados tenían casas, terrenos, raíces.
Quizá no tenían coches ni lujos, pero tenían suelo bajo los pies.
Hoy muchas personas tienen coches caros, móviles nuevos…
pero no tienen un lugar propio donde vivir, dependen del alquiler, de la incertidumbre.
No es mejor antes ni peor ahora.
Pero sí es importante preguntarnos qué estamos construyendo y desde dónde.
El dinero no es el enemigo.
El enemigo es el miedo, la culpa y el silencio y esta sociedad que te has creido.
Cuando ordenas tu relación con el dinero, ordenas tu energía.
Y cuando tu energía se ordena, la vida empieza a fluir de otra manera.
Porque al final, no se trata de cuánto tienes,
sino de cómo vives con lo que tienes.
Si estás peleada con el dinero, no lo ignores: busca a alguien que te ayude a entender de dónde viene esa relación. Y si lo que necesitas es orden, rodéate de quien sepa acompañarte a organizarlo. El dinero también se aprende a habitar.
Con mucho cariño y espero que estas palabras te ayuden a conectar con esta parte que nunca hablamos o lo hablamos de la pesadez.
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