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El impacto del móvil

El impacto del móvil

Hay una idea muy extendida: que el móvil afecta a los jóvenes, pero no tanto a nosotras.

Pero no es del todo así. Después de estudiar el cerebro durante bastante tiempo, te digo algo con honestidad: estamos bastante equivocadas

¿Piensas que tienes el móvil bajo control? Durante mucho tiempo lo pensamos…
que mirar el móvil de vez en cuando no pasa nada… que lo usamos y ya está.

He estado 10 días sin redes y casi sin movil. Y ahí es cuando lo ves de verdad.

No es el tiempo que pasas con el móvil. Es cuántas veces vuelves a él.

Un momento.
Otro momento.
Otro más…

Y sin darte cuenta…
tu mente se acostumbra a vivir en estímulo constante.

Tu cerebro está siendo entrenado (y no precisamente por ti)

Las redes sociales no están diseñadas al azar.

Funcionan como una máquina tragaperras.

No sabes cuándo llegará el siguiente estímulo… el siguiente “like”…
el siguiente contenido interesante.

Y ahí está la clave.

Tu cerebro libera más dopamina anticipando la recompensa… que cuando realmente la recibe.

Por eso vuelves. Y vuelves. Y vuelves. No es falta de voluntad. Es biología.

Las notificaciones: pequeñas alarmas constantes

Cada notificación que tienes activada mantiene a tu sistema nervioso en alerta.

Aunque no mires el móvil. Aunque no respondas. Tu cerebro está esperando.

Ese sonido o esa vibración. Es como si una parte de ti no pudiera descansar nunca del todo.

Por eso algo tan simple como quitar las notificaciones puede cambiar profundamente tu estado interno.

Lo que pasa en tu cerebro cuando te vas a dormir con el móvil

Aquí viene algo clave. Cuando te metes en la cama y miras el móvil, estás activando la corteza visual (la parte de atrás del cerebro).

Esa zona necesita apagarse para que tu cuerpo entre en descanso profundo.

Pero si le das luz, estímulo, movimiento… no se apaga.

Y entonces pasa algo muy común: Estás cansada… pero no descansas.

Tu cuerpo está en la cama. Pero tu cerebro sigue encendido. Y al día siguiente… lo notas.

Lo que dice la ciencia (y es más fuerte de lo que parece)

En un estudio, personas que dejaron las redes solo una semana:

– mejoraron su bienestar mental
– redujeron ansiedad y depresión
– y no necesitaron dejarlo del todo, solo reducirlo

Otro dato aún más impactante:

Después de solo 72 horas sin móvil, cuando veían una imagen de un smartphone…

se activaba el núcleo accumbens, la zona del placer y el deseo.

La misma que se activa en adicciones. Esto no es solo hábito. Es un cambio en tu cerebro.

Tu cerebro puede estar “enganchado”… aunque tú te sientas bien

Y esto es muy interesante.

Muchas personas dicen sentirse mejor usando redes… pero a nivel cerebral
hay señales de “craving” (necesidad interna).

Es decir: Por dentro, tu cerebro está pidiendo más. Aunque tú no lo identifiques así.

Y aquí viene algo para reflexionar. Cada vez usamos más el móvil. Cada vez usamos más la inteligencia artificial. Y cada vez… usamos menos nuestra mente para crear.

Cuando paras… se activa algo maravilloso: la red neuronal por defecto (DMN).

Es la que:
– crea ideas
– conecta información
– te da claridad
– despierta tu creatividad

Pero el estímulo constante la apaga.

Por eso cuando paras… vuelves a pensar mejor, a sentir más, a ser más tú.

El scroll no es inocente, el scroll constante genera fatiga mental profunda.

Después de solo 30 minutos:

– aumentan las ondas cerebrales de fatiga
– se activa la comparación social
– tu cerebro entra en “alerta”

Y aparece una sensación muy sutil… pero muy real, y no te das cuenta, pues trabaja a nivel cerebral, me estoy quedando atrás.

Tu cerebro lo vive como una amenaza.

Entonces… ¿qué puedes hacer?

No se trata de dejar el móvil.
Se trata de empezar a usarlo con conciencia.

Algunas cosas simples que funcionan:

– Quitar notificaciones innecesarias
– Dejar espacio sin pantalla antes de dormir
– Poner el móvil en escala de grises
– No reaccionar inmediatamente al impulso de mirar
– Sustituir el hábito por algo creativo o corporal

Y algo muy importante:

Cuando sientas esa necesidad de coger el móvil… espera.

Ese impulso suele durar entre 20 y 40 minutos.

Y luego… baja.

Esto no va de prohibirte nada. Va de darte cuenta.

Porque el descanso, la calma, la creatividad…
no empiezan cuando te metes en la cama.

Empiezan mucho antes.

Y es verdad que hay muchos estudios centrados en los jopvenes, porque son el futuro. Pero eso no significa que a nosotras no nos esté afectando igual, aunque no lo estemos mirando.

Y aún más. La luz de onda corta de las pantallas puede suprimir la melatonina y alterar el ritmo circadiano, y además el contenido que vemos antes de dormir puede mantenernos en un estado de alerta cuando el cuerpo ya necesita entrar en recogimiento. Aquí te dejo algunos estudios muy interesantes.

https://academic.oup.com/braincomms/article/6/3/fcae173/7675955

Y aquí te dejo otro estudio

https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371%2Fjournal.pone.0277220

Y aquí quiero aclararte algo importante sobre eso que muchas sentimos por la noche. Esa “parte de atrás del cerebro” de la que solemos hablar es, sobre todo, la corteza occipital o visual, la zona que procesa lo que estamos viendo.

No es que “no descanse” como una frase exacta de laboratorio, pero sí ocurre que, si antes de dormir seguimos metiendo luz, imágenes, movimiento, novedad y estímulo visual, mantenemos activos sistemas que deberían empezar a bajar el volumen para facilitar el descanso.

La luz nocturna, especialmente la azul o de onda corta, activa vías que llegan al reloj biológico del cerebro y favorecen un estado de alerta en lugar de uno de reposo.

En un estudio de 2024, leer 90 minutos en un smartphone sin filtro de luz azul redujo la melatonina en adultos jóvenes, y los autores concluyeron que evitar el smartphone en la última hora antes de dormir es aconsejable para prevenir alteraciones del sueño.

La Academia Americana de Medicina del Sueño también recomienda evitar la luz azul de dispositivos de mano 60 minutos antes de acostarse.

Y te lo digo sin perfección, yo también lo he hecho. Claro que sí. A veces también he mirado el móvil demasiado tarde. Pero cada vez lo hago menos, porque me he dado cuenta de que el descanso no empieza cuando me meto en la cama. El descanso empieza bastante antes.

Yo, por ejemplo, tengo una alarma que me suena a las 21:30 y me recuerda que es hora de empezar a apagar el día. Hay veces que se alarga hasta las 22:00, sí, pero esa alarma ya le está diciendo a mi cuerpo algo importante: “vamos bajando”. Y eso cambia mucho.

No se trata de demonizar el móvil.
Se trata de dejar de pensar que no nos afecta.
Sí nos afecta.
A nuestra atención.
A nuestro descanso.
A nuestra impulsividad.
A nuestra necesidad constante de comprobar.


Y también a esa sensación de no terminar nunca de salir del ruido.

Así que hoy , quiero dejarte con conciencia.

Prueba esto durante unos días: deja el móvil fuera de la habitación, o al menos en silencio; apaga notificaciones innecesarias de todo el movil; regálate 60 minutos sin pantalla antes de dormir; y, sobre todo, observa qué pasa dentro de ti cuando no coges el teléfono en cuanto suena, vibra o aparece una lucecita.

Porque muchas veces creemos que estamos usando el móvil.
Y en realidad, es el móvil el que está entrenando a nuestro cerebro.

Con amor,
Mariló


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Mariló Sánchez | Metagenética Femenina
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