Hay momentos del año en los que la vida parece susurrarnos más fuerte.
Momentos en los que el velo se vuelve más fino, el cuerpo más sensible y el alma más receptiva.
Este mes de febrero, no es un día, es un mes.
Coinciden varias fuerzas ancestrales que, juntas, nos hablan de lo mismo:
renacer, encender la chispa interna y sembrar un nuevo ciclo.
La Luna Llena. Culminación y claridad
La Luna Llena marca un punto de culminación dentro del ciclo lunar.
Es un momento de conciencia.
De ver con mayor claridad.
De iluminar lo que estaba en sombra.
No es un tiempo para iniciar, sino para observar.
No es un tiempo para sembrar, sino para reconocer.
La Luna Llena nos invita a: Mirar lo que ha madurado. Reconocer lo que necesita cerrarse. Honrar lo que ya hemos recorrido.
Soltar con consciencia.
Cada emoción que emerge en este espacio trae un mensaje.
Como una luz que alumbra el camino antes de dar el siguiente paso.
Imbolc. El fuego que vuelve a encenderse
En la tradición celta, alrededor del 1 y 2 de febrero se celebra Imbolc, una de las grandes festividades de la Rueda del Año.
Imbolc significa, simbólicamente: el regreso de la luz.
Aunque aún estemos en invierno, la tierra empieza a despertar. Las raíces se activan.
La savia comienza a moverse. La vida prepara su regreso.
Es un momento asociado al fuego sagrado, a la purificación y a los nuevos comienzos.
Imbolc nos recuerda que: Aunque fuera todavía haga frío, dentro algo ya se está encendiendo. Ideas. Deseos. Visiones. Llamadas internas.
Tal vez todavía no lo tengas todo claro. Y está bien.
La claridad llega después. Primero llega el pulso.
El Caballo de Fuego. Movimiento, coraje y expansión
Dentro del simbolismo del año chino, este año el 17 de febrero, la energía del Caballo de Fuego nos habla de: Avance. Valentía. Expansión. Autenticidad. Coherencia y acción alineada.
El Caballo no vino a quedarse quieto.
Vino a recordarnos que hemos nacido para movernos hacia lo que nos hace sentir vivas.
El Fuego suma pasión, propósito y poder creador.
Esta combinación nos invita a: Dejar de postergar. Dejar de encogernos. Dejar de pedir permiso y empezar a caminar hacia lo que nos enciende. No desde la exigencia.
Sino desde la verdad.
El portal del eclipse, la luna nueva del 17 de febrero. Integración y recalibración
Alrededor del 17 de febrero se abre un nuevo punto energético importante, con la llegada del eclipse, acompañado también por Luna Nueva, lo que amplifica su potencia.
Es un momento de: Revisión profunda. Reajuste de rumbo. Integración de aprendizajes.
Reescritura interna.
Muchas podemos sentir: Cansancio extraño. Emociones que suben sin aviso. Necesidad de silencio. Deseo de cambio. Nada está yendo mal. Todo se está reorganizando.
Como cuando una casa se mueve por dentro antes de una reforma.
Esta Luna Nueva no es igual que las anteriores. Llega después de un proceso de depuración. Llega pidiéndonos honestidad.
Llega pidiéndonos compromiso con nosotras mismas. No con la versión antigua.
Sino con la que está naciendo.
Preguntas que puedes regalarte:
Qué versión de mí quiero habitar ahora?
Qué estoy lista para soltar?
Qué sí quiero nutrir?
Qué pequeño paso puedo dar ya?
No hace falta tener el mapa completo. Solo el siguiente paso.
Un mismo mensaje, muchas tradiciones
Si miramos todas estas corrientes juntas, el mensaje es el mismo:
La vida se está moviendo. La luz está regresando. El fuego interno quiere espacio.
Un nuevo ciclo está comenzando.
No es casualidad.
No es azar.
Es sincronía.
Este es un tiempo perfecto para: Respirar más lento. Escuchar más al cuerpo. Escribir. Descansar. Soñar. Sembrar. Sin forzar.
Porque igual que la semilla no se ve, tu proceso también está ocurriendo aunque todavía no se muestre. Confía.
La primavera interna ya ha comenzado.
Y te explico por qué muchas veces miro el Año Nuevo chino.
El Año Nuevo chino porque no está regido por un calendario fijo como el nuestro. Está regido por los ritmos de la naturaleza, por la Luna y el Sol, por los ciclos reales de la vida. El calendario chino es lunisolar: sus meses comienzan en Luna nueva y se ajusta periódicamente para mantenerse alineado con las estaciones. Por eso, cada año el inicio del año chino cae en una Luna nueva entre finales de enero y mediados de febrero. Esta forma de medir el tiempo nos recuerda algo esencial: la vida no es lineal, es cíclica, y cada etapa tiene su propio pulso.
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